lunes, 16 de marzo de 2026

L18T01

  

Este es el escenario, que edad podría tener (esto me lo contaron, no tengo recuerdos de ese momento de mi existencia) si lo que se escuchaba de mi boca era “mon puta” pero lo que todos sabían era que intentaba decir “Salomón hp” seguramente por frustración convertida en rabia y expresada de esa forma al no cumplirse algún capricho infantil, lo cual provocaba la carcajada de la familia, y en medio del tratro familiar se iba dando la reafirmación de un caracter tosco de mi parte un temperamento fuerte digno del único hijo barón de la familia Ceballos Guapacha, Salomón Guapacha Calvo, padre de mi madre y en consecuencia mi abuelo, un hombre que grabó en mi infancia los mejores recuerdos que mas que recuerdos vivos en la distancia que pone el tiempo entre este momento donde tengo ya 43 años de los cuales el lleva 38 de fallecido, ahora son mas sensaciones y sentimientos y gran amor que siempre he sentido recíproco y nunca he puesto o pondré en duda, un respaldo induable a mis pilatunas y “malcriadeces”, cosas que los adultos ven muy graciosas en las primeras infancias pero que combatirán tajantemente en la adolescencia, en la cual por lo ya mencionado no estuvo presente mi abuelo, para mi hasta el momento de su muerte uno de los hombres más fuertes y valientes al lado de mi padre y de Nicolas, uno de los primos de mi madre. A medida que empecé a entender el mundo, el mío interno y el de mi familia, la visión, lectura y comprensión que fui encontrando en torno a mi abuelo se volvió en un dicotomía compleja; pues él no fue solo ese hombre amable y juguetón que recuerdo, también años antes había sido padre, de mi madre obviamente y de sus hermanas y hermanos, por lo lejano de los relatos en lo que a tiempo se refiere muchos detalles están perdidos, mi abuelo como los hombres de su época fue tosco, brusco, poco cariñoso, sin embargo lo complejo viene de otra situación que corresponde más a su origen, este hombre trabajador y valiente tenía en su sangre la mezcla de afro y originario, lo que para algunos se llama zambo, por lo que sé nacio en la primera década del siglo XX, 1910 aproximadamente, ahora pensemos en la colombia de ese entonces, ¿Cómo podría ser la vida, la crianza y el sentir? Un zambo en una Colombia racista, clasista y violenta (estoy hablando de hace más de un siglo, no digo que hoy sea así, que tal, ¿no?). ¿Que el abuelo fue violento? Claro que lo fue, y no lo valido pero sería absurdo pedirle algo diferente cuando la violencia de donde viniera fue una constante en la vida de este hombre, el desplazamiento, el acoso, etc. ¿Que el abuelo era racista y clasista? Claro, lo fue, curiosamente en la relación de opresor y oprimido se puede llegar a un acuerdo, ese que llaman “estatus quo” cuando cada quien de la relación acepta su posición en la misma y actúa y perpetúa las dinámicas propias de su papel en el juego, y más allá de eso busca transmitir semejante “saber” a sus cercanos y obviamente a sus descendientes, cuestión que se complica cuando éstos descendientes van a ser quien está encargado de criarte, pero cada cosa en su lugar, esto no es un juicio ni un chismógrafo. 

Para mi madre, mis tías y tíos fue una relación complicada, los castigos, las formas de validación y las de invalidación, la visión de lo aspiracional tan confusa que se podría desarrollar en esta situación de crianza y crecimiento, como es lógico cada quien leyó y tomo para sí las cosas de manera diferente; fui de los mejores librados.


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